INFORME POLÍTICO Y LÍNEA PROGRAMÁTICA

IX CONGRESO PABLO ALFONSO ROSARIO

INFORME POLÍTICO Y LÍNEA PROGRAMÁTICA

PRESENTACIÓN

 

El siguiente documento fue conocido y aprobado en las asambleas municipales, provinciales y regionales, así como en la plenaria del Congreso partidario realizada el 1 de diciembre del corriente año 2018. Este es una elaboración colectiva que recoge la propuesta original de la Comisión Organizadora del IX congreso Pablo Alfonso Rosario y las observaciones y sugerencias de los organismos y eventos locales y plenarios del partido.

Este incluye un análisis de la sociedad dominicana, de su desarrollo en los últimos años y aborda los elementos fundamentales de la situación global internacional, las contradicciones básicas que se dan al nivel planetario y sus repercusiones en América Latina y de manera especial en la Republica Dominicana.

De igual manera el documento presenta un balance de los esfuerzos del Partido de los Trabajadores Dominicanos en los últimos 4 años, propone las orientaciones generales para los próximos años y contiene un anexo con informes, argumentos y análisis sobre aspectos fundamentales de la economía, la política, la institucionalidad y los aspectos que caracterizan a la sociedad, todo con el propósito de aportar argumentos para el análisis y comprensión de la realidad actual y sus perspectivas.

INTRODUCCIÓN

A 174 años de la proclamación de la República en el 1844, los dominicanos de hoy padecemos dificultades derivadas de un Estado débilmente institucionalizado puesto que desde la aprobación de su primera constitución política el 6 de noviembre de ese mismo año, los grupos conservadores han controlado el poder del Estado, colocando bajo su control absoluto las riquezas del país provocando un estado de pobreza y exclusión en la mayoría del pueblo dominicano.

El ideal duartiano, abortado por el golpe de Estado dirigido por Pedro Santana en el mes de julio del 1844, sentó las bases para que, a través de la historia, se estableciera el dominio de minorías aliadas a poderes extranjeros y continuáramos sufriendo la herencia traidora de los grupos conservadores, un Estado débil y la persistencia de poderes fácticos que hoy controlan el 90% de las riquezas nacionales.

El modo de producción capitalista y las relaciones de producción dominantes son las causales eficientes del atraso en el desarrollo económico, cultural y tecnológico del país, de la explotación indiscriminada de los recursos naturales, con aproximadamente el 59% de los ingresos provienen de actividades  informales, con una pobreza cercana al 30% de pobres y un 6% de indigentes, con una gran deuda social acumulada históricamente generando que gran parte de la población tengan sus demandas y necesidades insatisfechas expresadas en insuficientes e ineficientes servicios básicos.

El IX Congreso del Partido de los Trabajadores Dominicanos, Pablo Alfonso Rosario, al pasar balance al período que va desde el pasado  octavo congreso del año 2013 hasta hoy, tras analizar los elementos fundamentales que caracterizan la sociedad dominicana, los factores relevantes de  la situación mundial y del contexto político institucional dominicano, junto al balance del comportamiento de la vida del partido, traza una mirada al futuro con el objeto de sintonizar con los intereses de la mayoría de dominicanos y dominicanas, orientar los pasos que se derivan de los retos y desafíos que tenemos por delante, movilizar la voluntad y la acción de la dirigencia y militancia de nuestro partido, convencidos de la urgente necesidad de construir una organización política de incidencia nacional que impulse las acciones para una revolución social en procura de alcanzar el ideal de Juan Pablo Duarte.

El IX Congreso representa un salto cualitativo importante mediante la consolidación del proceso unitario entre el PTD y el Movimiento Sol de Quisqueya dando paso a la consolidación de una organización común que desde ya declara su firme convicción para propiciar la más amplia unidad de las fuerzas democráticas y revolucionarias de la República Dominicana.

EL MUNDO: SITUACIÓN DE INCERTIDUMBRE Y CONFLICTIVIDAD PERMANENTE.

Después de las dos grandes guerras mundiales del pasado siglo, el mundo quedó dividido en dos áreas que representaban paradigmas de cosmovisión y organización económica, social y política: el capitalista y el socialista que mantuvieron un precario equilibrio bipolar signado por el enfrentamiento permanente por los espacios de influencia, la guerra mediática y psicológica, la carrera armamentista, el espionaje y las posiciones encontradas en los ámbitos político y diplomático en un permanente estado de tensión.

Aquella virtual tercera guerra mundial fue calificada como “fría” y condujo a la implosión del socialismo en Europa del Este y a la desaparición del Estado multinacional soviético dando paso a un ingente afán de la potencia imperialista estadounidense por instalarse como cabeza de un mundo unipolar.

Tales circunstancias apremiaron los procesos globalizadores que habían comenzado a cobrar fuerza en la década de 1980 de manos de las transnacionales y del capital financiero mundial asentados en los países capitalistas desarrollados y vinculados a sus estructuras de poder político, generando el fenómeno mundial de la globalización.

La ambición desmedida por incrementar ganancias y poder invadió prácticamente a todo el mundo, debilitando los estados nacionales, formando nuevas oligarquías nacionales de espaldas a los intereses de sus respectivos países, depredando desmedidamente los recursos naturales, potenciando el papel de la economía financiera por encima de la productiva, ampliando en proporciones gigantescas el dominio del monopolio de la información a través de un vertiginoso desarrollo tecnológico de los medios digitales y fomentando guerras en favor de los intereses del complejo militar industrial norteamericano.

El devenir del capitalismo tardío fue produciendo el surgimiento de nuevos modos de poder económico, lo que ha hecho perder influencia al imperialismo estadounidense creándose nuevos focos de tensión entre la pretendida unipolaridad y el naciente mundo multipolar con actores que hoy son potencias mundiales de primer orden como la República Popular China y procesos que indican un posible reforzamiento regional como el de la Unión Europea.

Ante estas realidades, pensar el presente y el futuro de cualquier país es -ante todo- pensar en cuál de estos mundos quiere vivir: si en uno en el que se enseñoree la globalización neoliberal excluyente y depredadora y el unipolarismo imperialista o el otro en que prime la protección de la naturaleza, del medio ambiente en primer lugar y la defensa del desarrollo humano sostenible, el buen vivir y el humanismo.

Aspiramos a vivir en ese último mundo que creemos posible.

AMÉRICA LATINA COMO UN ESPACIO DE PAZ

Nuestro continente avanza en medio de la confrontación política entre los diversos grupos y sectores sociales y económicos convirtiéndose por lo tanto en un escenario de confrontación política y económica. La derecha continental aliada a los Estados Unidos ha motorizado una ofensiva destinada a destruir todo lo acumulado por los pueblos, gobiernos, partidos y movimientos progresistas mediante el desarrollo de estrategias y tácticas antidemocráticas, que se expresan en golpes de Estado disfrazados de legalidad, fraudes electorales, judicialización de la política y utilización de los poderosos medios de comunicación puestos a su servicio.

El retroceso experimentado en los últimos años en Brasil, Argentina y el Ecuador, constituyen expresiones concretas de la imposición de la estrategia de dominación norteamericana junto con la expansión de las empresas multinacionales y con los grupos de derecha asociados. La amenaza permanente contra los gobiernos progresistas y de izquierda de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua refleja el centro neurálgico de esta ofensiva.

La creación de espacios de integración regional como los países de la cuenca del pacifico junto a las presiones que ejercen los halcones del imperio, están llevando al debilitamiento de los esfuerzos de integración y cooperación regional impulsados para fortalecer la CELAC, el ALBA y otros instrumentos de cooperación de los pueblos.

No obstante, los pueblos de América Latina continúan resistiendo la ofensiva de la derecha continental, tal es el caso del triunfo electoral de la coalición de centro izquierda encabezada por Andrés Manuel López Obrador en México y de la cual el Partido del Trabajo es un componente fundamental. Igualmente, un reflejo es la lucha de las fuerzas progresistas de Ecuador en contra de las acciones que revierten los resultados de la revolución ciudadana que lideró el expresidente Correa, la lucha de los pueblos originarios del continente por garantizar sus legítimos derechos, el comportamiento electoral de las fuerzas de izquierda en Colombia y los numerosos y combativos movimientos sociales a lo largo y ancho de nuestra región latinoamericana y caribeña.

Es necesario construir un amplio consenso en nuestra América para enfrentar la ofensiva que a escala planetaria desarrolla el imperialismo de los Estados Unidos, frenar la ofensiva de derecha en el continente y articular en espacios y formas diversas las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda en las potencialidades y en la posibilidad de recuperar la mística revolucionaria para continuar la lucha por hacer realidad el ideal bolivariano y martiano de crear una América Latina unida, próspera, integrada y de paz.

ELEMENTOS BASICOS QUE CARACTERIZAN LA SITUACIÓN NACIONAL

En el momento de realización del IX congreso partidario, la situación política nacional se desarrolla impulsada por las contradicciones entre los diversos factores que conforman el panorama político, económico y social. La discusión sobre esta coyuntura permitirá al partido conformar la orientación general para el periodo para fundamentar la línea de actuación política.

Aspecto Económico:

La política económica que ejecuta el gobierno de Danilo Medina, por su naturaleza, característica y alcance, ha logrado niveles de estabilidad, macroeconómica, relativo control de la tasa de cambio y bajo índice de inflación, con un crecimiento que supera el 5% del producto interno bruto (PBI).

No obstante, se mantiene un elevado déficit fiscal, y en la balanza comercial y de pagos, mientras sigue creciendo el endeudamiento alcanzando hoy niveles que evidencian debilidades en la economía nacional.

Junto con ello, crecen la desigualdad y la exclusión social, con bajos niveles de distribución del ingreso: los salarios deprimidos mientras permanecen sin resolver la provisión de los servicios esenciales de agua potable, energía eléctrica, vivienda y saneamiento. Continúa sin lograrse un despegue promisorio de la educación y de la salud pública en el país.

Aspecto Político:

El sistema de partidos políticos en nuestro país continúa debilitándose. Los partidos políticos tradicionales han devenido maquinarias electorales al servicio de grupos corporativos, despojadas de base ideológica, bajo el impulso del rentismo y el clientelismo político. El liderazgo ha sido copado por grupos corporativos que actúan al interior de las agrupaciones políticas en procura de garantizar su dominio en el Estado para seguir utilizándolo como instrumento de acumulación de ganancias. Las corporaciones mediáticas ejercen una influencia mucho mayor que las organizaciones políticas.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) convertido en partido hegemónico, refleja en su interior la lucha entre dos tendencias principales, encabezadas una por el presidente de la República, el licenciado Danilo Medina y otra por el presidente del partido y ex presidente de la República el doctor Leonel Fernández. Ambos representan intereses corporativos de sectores de la burguesía y la clase media para la utilización en su propio beneficio, el poder del Estado.

Estas son contradicciones secundarias respecto a otros grupos de la burguesía que operan en otros litorales políticos como el PRM y fracciones del Partido Reformista, así como con núcleos importantes de la gran burguesía financiera e industrial agrupados alrededor de familias poderosas que adversan al PLD. Sectores influyentes de los Estados Unidos tejen planes y realizan maniobras para contribuir a la sustitución del PLD el cual, continúa siendo el principal partido del país con la posibilidad de continuar en el poder más allá del 2020.

La oposición corporizada en el PRM continúa haciendo esfuerzos por ganar la simpatía y el apoyo de la población dominicana, de sectores de clase media y de núcleos de la gran burguesía descontenta con los gobiernos peledeístas. La situación interna de ese partido hasta el momento limita considerablemente sus aspiraciones, pues no han podido construir un liderazgo creíble y estable para ser presentado como alternativa a la población y a grupos corporativos nacionales y extranjeros.

La izquierda dominicana continúa dispersa, actuando en diversas direcciones, participando de modo testimonial en actividades, principalmente conmemorativas de fechas patrias y otras nostálgicas, sin encontrar fórmulas adecuadas para alcanzar su unidad y construir espacios comunes de participación de cara a construir una alternativa de gobierno, popular y realmente de cambio.

Los movimientos sociales logran en ocasiones objetivos comunes que movilizan a sectores sociales sin que alcancen niveles de articulación que les permitan proponerse objetivos superiores.

Los partidos y personalidades políticas relevantes hacen presencia en las acciones públicas de estos movimientos con fines corporativos y personales sin que aporten a los procesos de articulación y cohesión.

En el país se continúa debilitando la institucionalidad, se deteriora el sistema de justicia y crece la impunidad. El sistema político no responde fielmente a las necesidades sociales y hay una creciente desconfianza en los partidos y en los políticos, que se manifiesta en una crisis de representatividad.

Aspectos Sociales:

El comportamiento de la violencia, la delincuencia y criminalidad refleja la incapacidad del Estado para enfrentar las causas que generan tales males, y que constituyen la principal preocupación en la mayoría de la población del país. El feminicidio como fenómeno derivado de la violencia intrafamiliar y de género ha alcanzado niveles alarmantes, al tiempo que persisten la falta de oportunidades en los jóvenes y las mujeres, para incorporarse al mercado de trabajo junto a la insatisfacción de necesidades básicas como la salud, la vivienda y la recreación.

El fenómeno de la corrupción se manifiesta en la esfera privada y en la pública. En esta última se pone de relieve la debilidad institucional del aparato estatal, generando un estado de impunidad que estimula las prácticas indebidas para obtener beneficios provenientes de los fondos públicos, por parte de individuos, de grupos corporativos y familias.

Esto gravita de manera considerable en el nivel de pobreza y desigualdad que conoce hoy la sociedad en que vivimos, pues miles de millones de pesos son extraídos del ingreso nacional por vía de la corrupción, unido a la impunidad de los que delinquen, dada la incapacidad y la complicidad de la justicia para sancionar los casos comprobados, convierten este fenómeno en un flagelo que castra las posibilidades del desarrollo nacional. La corrupción es consustancial con el carácter y naturaleza del sistema capitalista y de los grupos que lo administran y se benefician del mismo. Y la impunidad demuestra la ausencia de un régimen de consecuencias.

El Estado y el sistema de partidos tienen ante el pueblo la fama de corruptos. Si los neoliberales están convencidos de que la corrupción es el aceite que engrasa y facilita los negocios, es porque también forman parte de la dominación de las elites económicas y de poder. Si el dinero público y privado es la moneda de cambio y materia de propaganda política en la televisión y en la prensa, su control en manos de grupos corporativos es una fuente permanente de corrupción política y manipulación y, por tanto, un obstáculo para la vida democrática del país. Por este rumbo, el ejercicio de la política continuará perdiendo su esencia pública y social si no la rescatamos de la corrupción y la impunidad. Es urgente combatir la impunidad, fortalecer el Estado y sus instituciones, mejorando la calidad de la democracia.

La participación es un derecho inalienable y fundamento del orden político democrático.  La nuestra debe ser permanente, activa, siempre presente, organizada desde la base y capaz de acompañar a la ciudadanía en sus legítimas demandas, y de ejercer la fiscalización del comportamiento y las acciones de legisladores y gobernantes.

Uno de los principales cambios que requiere la sociedad dominicana radica en la necesidad de trascender la democracia representativa y alcanzar la democracia participativa, dotarse de las instituciones que aseguren la doble función de exigir el cumplimiento de las demandas legítimas de la ciudadanía y vigilar que no se desvíen de su misión las autoridades elegidas y sancionar las prácticas de corrupción.

BALANCE DE NUESTRA ACTIVIDAD PARTIDARIA

Al arribar a la culminación de este periodo con la celebración del IX Congreso Pablo Alfonso Rosario, hay que pasar balance a los principales temas de la agenda de nuestro partido.

La conmemoración de las gestas patrióticas. Independencia, Restauración y la Revolución Constitucionalista. Frente a ellas hemos asumido una actitud muchas veces contemplativa hacia la Independencia y la Restauración, dejando estas conmemoraciones en manos de los poderes públicos. Sobre la Revolución de Abril, la nuestra ha sido una participación, mayormente individualizada en los combatientes, destacando también el carácter antiimperialista de la lucha del pueblo dominicano. Se impone que en lo adelante el partido destaque por su participación en las conmemoraciones de estas fechas patrióticas subrayando la importancia de consolidar en la sociedad dominicana el pensamiento de Duarte y los trinitarios, de Luperón y los restauradores.

Conmemoración de las Jornadas de Lucha vinculadas a los antecedentes históricos de la fundación del PTD.  Entre estas destacamos al Movimiento Revolucionario 14 de junio, con sus grandes figuras: Jiménez Moya, Manolo Tavárez, las Hermanas Mirabal y sobre la Revolución de Abril: Caamaño, Fernández Domínguez, Juan Miguel Román y otros. El PTD ha contribuido a sembrar la hermosa tradición de honrar a nuestros grandes héroes y heroínas.
El trabajo organizacional y la vida institucional del Partido.

Hemos hecho avances en la estructuración del partido, con la creación de más de un centenar de comités municipales, de distritos municipales y/o zonales y con la realización de importantes eventos que han dinamizado la vida interna del partido, entre los que se destacan los Plenos Nacionales de dirigentes y la Convención Nacional Electoral. La regularidad de las reuniones de la Dirección Nacional y la Comisión Política dimensionan el carácter institucional de nuestra vida interna

Las jornadas educativas.Su carácter ha sido limitado, centrado en la militancia activa, aunque varias jornadas han sido dirigidas de manera abierta a públicos interesados. Sin embargo, contempla el propósito de fortalecer una Escuela Política, dedicando recursos a esta finalidad, según dispone la ley de partidos políticos. Consolidar los esfuerzos para dotar a nuestras filas de amplios conocimientos políticos, de una base cultural y de dominio de los principales asuntos relacionados con las problemáticas del país, constituye una tarea de primer orden de cara a la preparación de los responsables políticos y técnicos que han de conducir los destinos del país.

El trabajo electoral.Este ha sido históricamente un punto débil en el PTD, basado en que la cultura electoral fue vista desde el principio como algo ajeno al comportamiento revolucionario.  Hoy, cuando ya es asumido el ámbito electoral, como un camino positivo hacia la conquista de posiciones públicas, hay que hacer un esfuerzo considerable para rectificar el rumbo.

En el balance hecho por la Dirección Nacional sobre las elecciones del 15 de mayo del 2016, se indican, entre otros factores negativos de nuestra participación, los siguientes:

“La débil presencia en las boletas electorales generó un ambiente de invisibilidad y desmotivación”
“Impreparación, falta de gerencia y escaso nivel de conocimiento de los temas electorales”.
“No se logró un ambiente de motivación, capaz de alcanzar la integración de la totalidad de los dirigentes nacionales”.

Superar la debilidad del partido en materia electoral, es uno de los desafíos fundamentales que tenemos por delante, preparando un equipo de cuadros y militantes con capacidad técnica, conocimientos electorales y motivación política, para que con los adelantos tecnológicos existentes el partido se convierta en una entidad competitiva en materia electoral

Trabajo de comunicación.Estamos convencidos de que el partido se define por fuerza organizada y opinión pública positiva. Esto se logra mediante dos vertientes del trabajo: con el ejemplo y el desarrollo de una ética basada en la honradez y la transparencia y, en segundo lugar, a través del uso eficiente de la comunicación, usando los recursos disponibles. En el PTD, se requiere sistematizar y consolidar el uso de las redes sociales lo que ha permitido mejorar la comunicación interna. Nos proponemos ampliar este esfuerzo y al ámbito externo, construyendo los instrumentos y adquiriendo las herramientas fundamentales para sostener una comunicación con la población.

El trabajo sectorial y de articulación con organizaciones de la sociedad.La Línea Roja y el PTD en sus primeros tiempos hicieron de los frentes de masas un punto fuerte. El trabajo sindical y gremial y en los clubes deportivos y culturales permitieron gran influencia política. Los cambios experimentados en la sociedad dominicana no descalifican el valor del trabajo gremial, sindical, ni el trabajo social. Laborar en esos frentes y fortalecernos mutuamente, es uno de nuestros grandes desafíos. El necesario vínculo del partido con el movimiento social pasa por entender su insustituible importancia como factores de sinergia y cohesión para hacer avanzar los propósitos sociopolíticos comunes.

La política de alianza. Desde las décadas de los ´70, ´80 y ´90, cuando construimos la unidad de acción con el Dr. Peña Gómez y su fuerte liderazgo en la lucha contra los gobiernos del Dr. Balaguer y nuestra lucha contra las políticas que pretendían introducir desviaciones en el movimiento revolucionario, el PTD ganó amplio reconocimiento en la vida política del país. Su postulado: “nadie solo puede”se convirtió en un poderoso argumento para realizar la política de aliados. Persistimos en ese camino, sin renunciar jamás a nuestra independencia.

Continuemos en esta justa línea consciente de que en la unidad está la fuerza, y la fuerza y la lucha producen la victoria. Avanzando en unir los grupos, sectores y personas de sentimientos patrióticos, democráticos y revolucionarios, en el interés de enfrentar y derrotar el bloque conservador

La política internacional.Coherente con la herencia del MR1J4, el PTD ha sostenido – aunque limitadamente – una política internacional al lado de las fuerzas revolucionarias y progresistas. Esta política se expresa en el respaldo al Partido Comunista de China en su titánica tarea de encabezar y dirigir el proceso que se inició el 1º octubre de 1949, con la proclamación de la República Popular China. Invariable ha sido nuestro apoyo a la Revolución Cubana. La participación del PTD en el Foro de Sao Paulo y en el seminario internacional, organizado por el Partido del Trabajo de México, así como dentro de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL).

Irrestricto es nuestro respaldo a los procesos de integración en América Latina. Mantenemos la adhesión a las conclusiones y resoluciones internacionales sobre el cambio climático.  Nos reiteramos en la necesidad de que los revolucionarios progresistas y democráticos de América latina y el Caribe construyamos un consenso para nuestra América y avancemos en garantizar que nuestro continente siga siendo un espacio de paz.

La política de recursos. La actividad política y administrativa del PTD se sustenta en recursos que proceden de la contribución económica del Estado, que es entregada por la Junta Central Electoral; y de las cuotas de la membresía y de contribuciones provenientes de simpatizantes y allegados. De todo ello, el partido rinde cuentas a las instituciones supervisoras: la propia JCE, la Cámara de Cuentas y la Contraloría General de la República. Además, en virtud de la Ley sobre información pública, el PTD ha suministrado informaciones solicitadas por instituciones de la sociedad civil.

El rigor puesto en la administración de los recursos captados y la rendición de cuentas a las instituciones concernientes es un punto a favor del PTD. El manejo adecuado y trasparente de los recursos puestos bajo nuestra custodia, su rendimiento y productividad, dan cuenta de la capacidad de los hombres y mujeres de nuestro partido para administrar recursos públicos y nos prepara para asumir cada vez más responsabilidades en el aparato del Estado.

Junto con las anteriores existen otras articulaciones requeridas de atención prioritaria en lo adelante, como lo son el fomento de actividades productivas que generen recursos económicos para sustentar la actividad partidaria.

Es menester fortalecer y sistematizar una base ideológica que recoja la herencia histórica de luchas de la humanidad y del pueblo dominicano a lo largo de la historia.

Urge crear el instrumento de seguimiento y control disciplinario, establecido en nuestros estatutos, para ser aplicado en los casos en que se vulneren los principios y valores que norman el comportamiento público y privado de la dirigencia y membresía del partido, como garantía de la unidad interna y la proyección de una imagen que se corresponda con las aspiraciones e ideales de los sectores revolucionarios y progresistas de la sociedad.

Elementos para la acción política en la actual coyuntura

El 2018 constituye el segundo año de mandato del segundo período de gobierno de Danilo Medina. Ha sido un año lleno de desafíos y grandes retos para las fuerzas políticas que como el Partido de los Trabajadores Dominicanos luchamos por alcanzar un cambio en las condiciones de vida del pueblo.

Estos desafíos implican trazar una acertada línea de participación en la vida política del país, que conecte con la mayoría de la población para aprender de ella y fortalecer nuestros propósitos de ser una fuerza política con capacidad de contribuir a enrumbar la nación dominicana hacia un mejor destino.

Para nuestro partido el presente periodo es un periodo de acumulación de fuerzas y factores de poder.

El principal desafío que se presenta está relacionado con la construcción y organización de una efectiva estructura partidaria en las diversas provincias, municipios y distritos municipales del país, que articule directamente con las organizaciones sociales y la ciudadanía en general. Para ello será necesario estudiar y conocer a profundidad la problemática económica, social y cultural de nuestro pueblo, compartir sus justos reclamos y preocupaciones y acompañarlos en sus luchas, aprendiendo de ellos y aportando nuestros criterios.

Construir una imagen política positiva en la población dominicana mediante el uso de las más variadas formas de comunicación, y forjando un liderazgo en las provincias y municipios, constituye otro importante desafío, pues será necesario romper el cerco mediático que las grandes corporaciones de la información mantienen sobre los sectores populares.

Avanzar en la construcción de una identidad partidaria en la militancia conformada por políticas, valores y principios, símbolos, colores y banderas que siembre en la militancia partidaria un verdadero orgullo de pertenencia.

Actualizar el pensamiento revolucionario en la conducción de las políticas, acciones y planes del partido, desterrando el individualismo y el conservadurismo, y promoviendo el ideal revolucionario de cambio por alcanzar el bienestar colectivo de la población dominicana.

El Partido deberá prepararse en los próximos años para fortalecer su cultura electoral, instalando capacidad técnica para salir airoso de los procesos electorales que se avecinan, trabajando para construir un liderazgo municipal y local que ayude a un mejor desempeño en los resultados comiciales del 2020. Para ese año, el PTD presentará candidaturas propias a la sociedad dominicana, fundamentadas en una Agenda Progresista hacia un Nuevo Proyecto de Nación y las mismas serán puestas a disposición de otras fuerzas progresistas y revolucionarias, así como al conjunto de organizaciones sociales y populares que procuran crear una nueva representación política en el Estado.

Forjemos una organización política renovada, integrada por militantes de sólida formación ideológica, con determinación para la acción política y vinculada a la sociedad.

Para hacer realidad los propósitos establecidos en los presentes lineamientos políticos programáticos y lograr una renovación de la esperanza, estamos en el deber de construir una organización política revolucionaria. Por ello nos planteamos la construcción de un partido integrado por militantes preparados y capaces que se identifiquen con el pueblo, intercambien y aprendan con él. Un partido que se nutra del estudio permanente y sistemático de la realidad nacional e internacional.  Un partido con la suficiente creatividad para formular sus propuestas basadas en el conocimiento objetivo de las condiciones y aspiraciones de la sociedad dominicana.

Inspirado en principios y valores de la democracia a lo interno de nuestra militancia, con un funcionamiento flexible en la implementación de los procedimientos, métodos y técnicas de trabajo, cultivando la capacidad de relacionarse de manera plural con la sociedad y las instituciones que en ella actúan, orientándolas con sentido integral de progreso y desarrollo social.

Persistimos en construir un partido que sea un instrumento político abierto, donde puedan participar todas las personas y sectores de sentimientos democráticos y progresistas, impregnados de  las diferentes corrientes del pensamiento que se identifican con el progreso y el bienestar de los/as dominicanos/as, dispuesto a practicar en mayor extensión y propiedad los principios y valores democráticos,  proclive al debate de las ideas y propuestas consensuadas para solucionar los problemas nacionales, a practicar el trabajo en equipo, asumir la convivencia y tolerancia de diferentes ideas y dispuesto a impulsar la  aplicación  de aquellas que son de mayoría evidente o que resulten  del consenso, procurando siempre y en cada momento un espíritu de unidad y voluntad política en procura de alcanzar los objetivos comunes.

El partido que postulamos   para estos tiempos tiene que ser revolucionario por su vocación de cambio para bien, profundamente humanista, que fomente y valore la democracia como bien universal, consustancial a los seres humanos y a la convivencia pacífica en sociedad. Un partido que redimensione la solidaridad colocándola al servicio del desarrollo humano, expresado en una justa distribución del ingreso nacional, destinado a producir para la prosperidad, el bienestar material y espiritual de la gente en el marco de la más amplia pluralidad y tolerancia de las personas.

Auspiciamos un partido presente en cada rincón del territorio nacional, con expresión orgánica y con simpatías en cada lugar del mundo donde vivan nuestros nacionales, practicando los valores más sanos de la dominicanidad, como son: el trabajo creador, el orgullo de ser dominicano y practicar la solidaridad humana que   conjugan el espíritu ​antillano y latinoamericano legado por nuestros antepasados.

Precisamos contar con una institución de visión moderna, eficiente, con capacidad de realizar un trabajo eficaz cada vez más calificado. Un instrumento que coordine la unidad y la convergencia con las diferentes corrientes que muestren interés de contribuir a forjar un país y una sociedad nueva y un proyecto que represente el alma y el sentimiento real de los dominicanos y dominicanas.

La organización política que necesitamos requiere de hombres y mujeres portadores de una conducta ciudadana responsable, sencilla, acorde con las sanas tradiciones y las buenas costumbres y de activa participación social como las cultivadas por el pueblo dominicano en su discurrir histórico. Por eso, los hombres y mujeres que integramos el PTD procuramos alcanzar el poder político, para desde él y junto con el pueblo enrumbar la nación, inspirados en los ideales de Duarte y los trinitarios, Luperón y los restauradores, los luchadores antiimperialistas del 1916, los forjadores de la resistencia contra la dictadura trujillista y los hombres y mujeres de la raza inmortal, de igual forma, de los valientes luchadores democráticos y antiimperialistas de 1965 y los que lucharon y resistieron la dictadura balaguerista.

El partido al que aspiramos debe ser una institución tan honrada y transparente como la sociedad por la que luchamos, tan creadora y libre como debe serlo el ser humano y la naturaleza; un partido que sea capaz de armonizar al ser humano con la naturaleza, la ciencia con la tecnología, el desarrollo económico con el bienestar social, la libertad con el orden y la disciplina, la aspiración individual con las aspiraciones colectivas.

El instrumento político a que aspiramos tiene que estar abierto a la concertación y listo para participar en cualquier esfuerzo que tenga como objetivo contribuir a la formación de las fuerzas políticas que finalmente ejerzan el liderazgo global de la sociedad; ya sea actuando coordinadamente en frentes o movimientos o mediante una convergencia en que se conserve la independencia de cada uno.

La independencia del partido o de cualquier institución que aspire honestamente a la justicia social no puede mantenerse al precio de aplazar, limitar o impedir la realización de los programas de desarrollo social, pero tampoco desaparecer sin garantía de que las realizaciones sociales que demanda el país puedan ser realmente alcanzadas. Es decir, no podemos dejar de sostener y desarrollar un instrumento desde el cual podamos hacer las contribuciones de lugar a la cristalización de las reformas, de los cambios y de las transformaciones que históricamente han demandado los trabajadores de distintos niveles de ingresos, los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad, las mujeres y los jóvenes con sus privaciones y penurias, así como los desempleados.

La razón de ser del PTD radica en la necesidad y posibilidad de representar los intereses y demandas de las mayorías nacionales que aspiran al disfrute de los derechos políticos, económicos y sociales inherentes al progreso, la democracia, la libertad y la justicia para labrar juntos una nueva sociedad que coloque a la nación a la altura del presente, de cara a los retos del futuro.

La construcción del PTD como partido de nuevo tipo, de alcance nacional, vinculado a la sociedad, lo entendemos como un proceso integral, que conjuga una renovación, constante del pensamiento, mediante la investigación, la práctica y el estudio, con una labor organizativa sustentada en una intervención política beligerante, capaz de concitar el entusiasmo y la integración de millares de dominicanos/as a un proyecto político con fisonomía propia y flexibilidad en su actuación, libre  de ideologicismos y de pragmatismos , por lo tanto, lo asumimos para  propiciar la más amplia democracia interna, el debate abierto hacia todas las instancias de la sociedad, el uso de métodos y procedimientos participativos y no excluyentes, favoreciendo el surgimiento de una política asentada en un sentido transparente, una forma moral y una práctica plural de su ejercicio, que se erijan en murallas infranqueables a la intolerancia, el autoritarismo, el sectarismo y la corrupción en el quehacer político.

El PTD constituye un partido moderno y democrático, practicante del humanismo, identificado con los sectores tradicionalmente desposeídos y excluidos, pero al mismo tiempo promotor de la riqueza y el bienestar obtenidos con honestidad,  socialista por su reafirmación en la  práctica y defensa  de los valores universales de la democracia a plenitud, la libertad, la justicia social y la solidaridad con una conducta basada en una ética de la honradez y la responsabilidad, y que se define por una identidad que nos compromete con alcanzar la paz y el desarrollo a nivel mundial, situándonos del lado de los pueblos, naciones, países y organizaciones que propugnan por la instauración de un nuevo orden económico y político internacional verdaderamente justo y equitativo.

La sociedad y el partido a que aspiramos, exigen de la unidad y la cooperación entre todos/as los/as ciudadanos/as e instituciones dispuestos/as a asumir la responsabilidad histórica de jugar un rol protagónico en la cristalización de las reformas y los cambios urgentes que el país demanda, con las puertas abiertas a la comunicación, el diálogo y el entendimiento.

Aspiramos a la construcción de un partido con vocación unitaria, capaz de actuar compactado, de pactar y coordinarse con ciudadanos/as, organizaciones sociales, partidos políticos y entidades que por más diversas que sean, expresen disposición de trabajar por una sociedad con un adecuado nivel de bienestar general y armónicamente productiva donde la desigualdad y la exclusión sean definitivamente extinguidos, donde la independencia y la soberanía constituyan una realidad indestructible. En tal sentido, nos convocamos y convocamos de corazón y conciencia a todos los dominicanos y dominicanas que aspiran a una patria libre e independiente, prospera y feliz, para que marchemos unidos en esa correcta dirección.

PRINCIPALES RETOS Y DESAFÍOS.

La complejidad derivada del conjunto de contradicciones de clases que generan e impulsan el desarrollo de la sociedad dominicana, se convierten en grandes retos para los revolucionarios. Constituyen enormes desafíos para los cuales debemos estar preparados, y que son a la vez la oportunidad para demostrar la superioridad del bien y probar que un mejor país es posible.

Si  somos capaces de impulsar el optimismo y la fe en el porvenir de nuestra nación, entonces derrotaremos el pesimismo conservador y avanzaremos en la construcción de una nueva sociedad, una sociedad que se desenvuelva en armonía,  donde la economía y la producción estén al servicio de la gente y la democracia sea un bien apreciado por todos y para todos, de ahí que prepararnos para construir una moderna y fuerte organización política, un eficiente aparato de comunicación y una cultura electoral,  resulten fundamentales para enfrentar estos desafíos.

Avanzar en los procesos unitarios y en el fortalecimiento del movimiento social, así como en el impulso de sus luchas, es fundamental para que la población nos identifique como sus compañeros de lucha y que juntos coronemos con éxito los propósitos perseguidos. En tal sentido identificamos las siguientes líneas de trabajo:

Construir un partido nacional, renovado, con militantes preparados y fuertemente articulado con la sociedad. Esta tarea constituye nuestra principal responsabilidad, a la que debemos dedicarnos con pasión y vocación revolucionaria, garantizando el funcionamiento orgánico, la operatividad democrática y la unidad ideológica y política. Los comités del partido deben operar armoniosamente garantizando la disciplina y la identidad partidaria, acompañando a las comunidades en sus reclamos.

La unidad de las fuerzas revolucionarias, democráticas y progresistas de la nación. Derrotar el pensamiento conservador y su modelo, constituye uno de los desafíos fundamentales de las fuerzas progresistas del país. No obstante, para alcanzar este propósito es necesario entender que la unidad de las fuerzas, sectores y personas de pensamiento progresista es fundamental y constituye la clave para el éxito de la causa del pueblo. En tal sentido, nuestro partido se propone, trabajar en el presente periodo para unir a la mayor cantidad de fuerzas, sectores y personas del campo progresista para que juntos podamos acumular las fuerzas necesarias para derrotar el dominio de los sectores conservadores que históricamente han dominado la nación dominicana.
La recomposición y fortalecimiento del movimiento sindical, social y popular. La ideología neoliberal ha destruido la cohesión y minado el espíritu colectivo y la tradición solidaria de los dominicanos y dominicanas, paralizando su voluntad de lucha y corroyendo la organización social.

Por tanto es necesario llevar a cabo acciones dirigidas a la recomposición de este movimiento, a la recuperación de la organización social en base a practicar la solidaridad, pues la población organizada constituye los cimientos en la que descansa un proceso democrático de cambios.  Para los hombres y mujeres del PTD impulsar las acciones por la recomposición y consolidación de la organización social del pueblo, es parte intrínseca de nuestras responsabilidades políticas.

La lucha política empieza por alcanzar espacios de poder, ganar el poder del Estado y gobernar el país desde una perspectiva progresista. La nación dominicana a lo largo y ancho de su historia y como fruto del trabajo socialmente realizado por el pueblo, ha acumulado enormes riquezas que han sido y son   acaparadas por grupos y sectores minoritarios, lo que provoca que una alta proporción del pueblo se mantenga viviendo en condiciones de vulnerabilidad económica y social, pobreza y pobreza extrema, padeciendo un injusto sistema de distribución de las riquezas.

Esto ha sido y es el resultado de gobiernos colocados al servicio de las cúpulas dominantes que han puesto el Estado y sus instituciones al servicio de la reproducción de su renta, facilitándoles el enriquecimiento por diversas vías, incluyendo la corrupción. La situación del pueblo será diferente cuando el gobierno nacional esté al servicio de las mayorías nacionales, para lo cual es necesario, fortalecer la conciencia política de los ciudadanos, movilizar la voluntad de la nación y evidenciar a los grupos conservadores como los reales responsables de las problemáticas que padece el país.

Para los hombres y mujeres del PTD, la lucha política por lograr el poder del Estado es un compromiso fundamental, pues somos conscientes de que sólo así se pueden implementar las reformas y trasformaciones políticas, económicas y sociales, para que los dominicanos y dominicanas, alcancemos el bienestar.

La lucha política implica trabajar cotidianamente para coordinar con juntas de vecinos, organizaciones comunales y gremiales, ganar posiciones electivas en los municipios, representación en el parlamento, así como el poder ejecutivo o en parte de él.

Contribuir a la unidad e integración del movimiento revolucionario progresista y popular de América Latina y el Caribe bajo las orientaciones del consenso de nuestra América. Construir un consenso para nuestra América es fundamental para hacer realidad la unidad y la integración del continente, para ello es importante apoyar todas las acciones que lleva a cabo el Foro de Sao Paulo y construir los espacios y consensos, bilaterales y multilaterales necesarios, para derrotar las acciones de las derechas, aliadas al imperialismo en el continente. Fortalecer la lucha de los pueblos de América Latina y el Caribe por la defensa de la soberanía, la independencia, la auto determinación de los pueblos y el progreso social, constituye una tarea revolucionaria.

Debilitar en cualquier punto del hemisferio la dominación imperialista constituye un elemento clave para la derrota a nivel continental de dicha dominación, de ahí que impulsemos los intercambios, las denuncias y el uso de los más diversos medios, para la lucha o la unidad y la integración latinoamericana y caribeña.

Es interés del Partido de los Trabajadores Dominicanos, mantener relaciones armoniosas de intercambio y cooperación con todas las fuerzas políticas de las diferentes naciones, siempre en el marco del respeto mutuo y el principio de la reciprocidad.

POR UNA REVOLUCIÓN SOCIAL

Las relaciones capitalistas de producción imperantes en la Republica Dominicana constituyen la causa fundamental de la situación de atraso y dependencia de nuestra economía, de haber generado un mercado interno estrecho, de instalar y mantener un aparato productivo tecnológicamente atrasado e insuficiente, de baja capacidad de empleo, de favorecer el auge del capital especulativo y mercantil, contaminar el medio ambiente y, sobre todo, de mantener en la pobreza a una parte significativa del pueblo.

El nuestro, es un Estado que orienta estratégicamente sus acciones para beneficiar los grupos de poder y no para resolver los problemas del conjunto de la sociedad.

El modelo social y económico vigente en República Dominicana, tiende a garantizar el dominio de los grupos tradicionales de poder y preservar su modo de producción y distribución del producto social. Ello es así, aunque en la definición del poder público se busque conciliar los intereses contradictorios de las diversas clases y estratos sociales o cuando menos establecer las condiciones para la convivencia.

La inmensa mayoría de los problemas de la sociedad dominicana derivan de la naturaleza perversa de este sistema y, por lo tanto, la solución de raíz solo se dará mediante una revolución social y profundamente democrática que genere cambios y transformaciones y elimine la explotación como base de las relaciones entre los seres humanos y promueva relaciones de cooperación y convivencia.

El modelo vigente ha provocado, la concentración de la riqueza en los principales centros urbanos, lo que impulsa la separación del campesinado de la tierra obligándolo a concentrarse en las principales ciudades, integrándose a una vida de marginalidad, reforzando la economía informal.

A pesar de que la República Dominicana ha sido uno de los países de mayor crecimiento económico de América Latina a lo largo de los últimos 50 años, el modelo vigente ha sido excluyente, profundizando la desigualdad social y económica, ampliando la brecha que separa a los ricos de los pobres. Independientemente de las propuestas y de los logros que se atribuyen los gobiernos que ha tenido el país en los últimos 20 años no han satisfecho las necesidades fundamentales que padece la población en materia de producción alimentaria, educación, servicios de salud, energía eléctrica, vivienda y empleos. A la situación descrita se le agrega el crecimiento de la violencia y la criminalidad.

Este fenómeno está asociado a la  falta de oportunidades, la exclusión, la marginalidad, el desempleo, los bajos salarios, el tráfico y consumo de drogas, los bajos niveles de educación, la situación de una parte considerable de la población que vive tiempos de angustia y preocupaciones por el incremento de la violencia de género, el feminicidio, la criminalidad, agravadas  por la presencia comprobada de una parte de la estructura militar y policial, que se hace cómplice de muchos delitos, amenazando significativamente el necesario estado de seguridad ciudadana y tranquilidad.

FORJAR UN PENSAMIENTO CRÍTICO Y UNA CULTURA DE LA IGUALDAD

En la actualidad, la sociedad dominicana vive un proceso de degradación de múltiples dimensiones generado por la orientación neoliberal. El país necesita una revolución social y refundación ética que se inspire en lo mejor de nuestra historia y nuestra cultura. La codicia, el egoísmo, el desmedido afán de lucro, el consumismo, el individualismo, la deslealtad, son conductas y comportamientos ajenos a nuestra idiosincrasia, son comportamientos que promueven las minorías privilegiadas aliadas al poder extranjero. Por ello predican cotidianamente utilizando los poderosos medios de comunicación a su alcance “que las personas valen por lo que tienen y no por lo que son, o que la riqueza y el poder son los mayores logros a los que se puede aspirar”.  Estos criterios amenazan la cohesión social y el espíritu solidario de los dominicanos y dominicanas y destruyen el futuro y la esperanza de la nación.  Constituye un desafío y una tarea urgente para nosotros contribuir a la recuperación de valores tales como: el amor por el trabajo, la solidaridad, el respeto por los demás, la generosidad, la esperanza y la alegría, desde los cuales asegurar la resistencia y el avance.

El neoliberalismo, vale decir el capitalismo en su versión más depredadora, es un modelo económico, un sistema social y un sistema político, pero es también una construcción moral y cultural contraria al humanismo y la solidaridad. Económicamente empobrecedor, socialmente excluyente y políticamente autoritario. El neoliberalismo es moralmente destructor de la cohesión y la solidaridad. Un orden desalmado donde la economía prima sobre la sociedad, el mercado sobre el Estado, el valor de cambio, sobre el valor de uso; y las cosas sobre la gente.

Esa moral de los poderosos que impregna los principales medios de comunicación masiva y ha ido permeando sectores de las clases medias, penetra en las aulas y llega hasta el corazón de algunos ambientes religiosos.

Las élites impulsoras del neoliberalismo se han deslumbrado tanto por el poder del mercado que han quedado ciegas respecto de la realidad que está más allá de sus particulares intereses y entregan el Estado nacional al servicio de las transnacionales. Es también una moral de doble rasero. Públicamente, los defensores del libre mercado insisten en que el Estado se aleje de las actividades privadas, particularmente de los negocios, y reclaman “desregulaciones” de todo tipo, pero demandan del Estado todo tipo de exenciones y subsidios para mantener a flote sus negocios ineficientes. Y reclaman con urgencia la intervención del Estado cuando ven que sus fortunas y privilegios se encuentran amenazados.

La visión de la “economía de libre mercado” que se ha instaurado en el país está alimentada por una moral del más porfiado egoísmo, que responde a principios, reglas y metas que funcionan como antivalores sociales. Este tipo de moral considera “natural” la desigualdad social.

Prepararse para los cambios que el país necesita, es también rechazar esa moral de los poderosos y educarnos en una que pugne por acabar con la desigualdad social, económica y política y que ponga en el centro el desarrollo pleno de las capacidades humanas y el bienestar de todos, para desde esas convicciones impulsar los cambios estructurales que el país necesita. Abogamos por una sociedad donde la felicidad consista en acumular riquezas para la sociedad y donde la mayor fortuna de cada uno sea el bienestar de todos.

Esto implica una profunda reforma cultural y moral. Frente al individualismo que promueve el sistema neoliberal con todos sus instrumentos económicos, sociales, ideológicos, mediáticos debemos impulsar un vasto proyecto de construcción de comunidad. De allí debe surgir un sujeto social, crítico de las deformaciones y desviaciones a que ha conducido la prolongada influencia de visiones y prácticas fundadas en un liberalismo individualizador.

El rescate de lo colectivo frente a lo individual es piedra angular de este proyecto. Hay que poner a la familia, a la comunidad y la vida comunitaria en el centro de la nueva sociedad. Para llevar a buen puerto este propósito el papel de los intelectuales comprometidos con las causas populares y de todos los interesados en profundizar y difundir las mejores ideas es fundamental con el fin de propagar el pensamiento liberador de Duarte y los continuadores de la causa libertaria del pueblo dominicano que han luchado a lo largo de la historia nacional por mantener y sostener una patria libre, una nación próspera y un pueblo feliz.

UN MEJOR PAÍS ES POSIBLE

Aspiramos a una sociedad moderna, productiva, inclusiva, socialmente armónica, y con una democracia globalizada

El Partido de los Trabajadores Dominicanos, aspira y trabaja para que la sociedad dominicana se desenvuelva, en el mediano plazo, basada en un régimen político en el    que la democracia se modernice y se globalice el bienestar. Esto significa que los ciudadanos y ciudadanas vivan en un ambiente permanente de libertad y de respeto a los derechos humanos individuales y sociales, de modo que logren plena conciencia y satisfacción de sus necesidades fundamentales.

Para lograr lo anterior deberemos impulsar junto a todas las fuerzas y sectores progresistas una revolución social que, fundamentada en las mejores prácticas éticas, adopte un nuevo modelo de desarrollo que se inspire en lo mejor de nuestra historia y nuestra cultura. Es compromiso del PTD impulsar los procesos necesarios de cambios para instaurar un gobierno de democracia participativa y representativa que procure implementar políticas públicas para alcanzar el bienestar social y económico a los dominicanos. La revolución social que promovemos consiste en resolver entre todos mediante procedimientos democráticos, los diferentes problemas nacionales, para dar paso una sociedad donde prevalezcan la dignidad del trabajo, la producción y la solidaridad.  La revolución que postulamos procura anteponer el interés colectivo sobre el interés sectorial o individual.

Desde nuestra óptica conceptual la democracia requiere renovarse, modernizarse y globalizarse para que sea la base en que descansen y se perpetúen las aspiraciones de progreso y en definitiva, el bienestar de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Desde el PTD concebimos la revolución como un proceso para el afianzamiento del Estado Social de derecho. Que sólo puede llevarse a la práctica en un clima de absoluta democracia política, social, económica, cultural y ambiental.

Estamos convencidos de que es posible empezar a cambiar para crear una sociedad nueva, sobre la base del trabajo y con el esfuerzo de todos/as los/as dominicanos/as, pues a pesar de las precariedades económicas, a pesar de los resabios y déficits sociales acumulados por décadas, el pueblo continúa su lucha por alcanzar una sociedad más justa, humana, solidaria y democrática.

Se hace necesario cambiar estructuralmente los cimientos institucionales actuales y para ello será preciso superar la tendencia conservadora que ha prevalecido a lo largo de nuestra vida republicana.

Procurar un rumbo progresista para la nación hará imprescindible unir a los sectores y fuerzas identificadas con el progreso, la libertad y el bienestar del pueblo dominicano. Es imperativo continuar la lucha por la instauración de un gobierno que administre con decencia los recursos del país y ejerza un liderazgo que motorice el desarrollo nacional.

La sociedad a que aspiramos procura convertir al país en una nación donde se revalorice el trabajo productivo y se haga un mejor aprovechamiento de los beneficios que derivan de la explotación responsable de nuestros recursos naturales, renovables y no renovables, tales como la agricultura y la minería y de los que provienen de la industria y del sector turismo, las zonas francas y demás ramas de la economía.

Lucharemos porque desde la dirección del Estado se revalorice la importancia y significación que tienen   los dominicanos y dominicanas residentes en el exterior, así como reconocer sus aportes a nuestra economía y al desarrollo nacional.  Para ello, el gobierno deberá jugar un papel regulador eficiente de la vida económica y política de la nación.

Requerimos un gobierno que administre con plena transparencia los recursos públicos y los invierta con equidad, proporcionando a la población, servicios de  educación y salud con la calidad y dignidad que la gente merece, así como  de los demás servicios; propiciando un  proceso que permita frenar la desigualdad existente en el seno de  la sociedad,  superando la  pobreza y exclusión con un proceso normado por la equidad y haciendo sustentable nuestro medio ambiente para garantizar a las presentes y futuras generaciones de dominicanos un país digno y habitable.

UNA MIRADA AL FUTURO

Con la realización del IX Congreso Pablo Alfonso Rosario, el Partido de los Trabajadores Dominicanos genera mejores condiciones y bases más firmes para avanzar hacia el futuro.

El análisis de la problemática nacional e internacional que nos rodea, el tipo de sociedad a que aspiramos, así como el tipo de organización política que necesitamos construir para conquistarla, de cara a obtener el bienestar general de los y las dominicanas/os, permite formular un conjunto de acciones tendentes a alcanzar las metas y objetivos delineados para este periodo.

La elaboración de una línea estratégica que abarque todo el periodo y que  permita a partir de ella, incorporar en nuestra organización política, núcleos avanzados de la intelectualidad progresista del país, a sectores importantes de la economía solidaria, de la economía cooperativa, de la mediana y la pequeña empresa, a los trabajadores y trabajadoras que constituyen los sujetos fundamentales y las fuerzas motrices del desarrollo nacional, hacer que estos grupos poblacionales, entiendan la necesidad de constituirse en los motores claves para impulsar los cambios en la sociedad dominicana, constituye nuestra tarea fundamental,  a ello se agrega como elemento esencial e intrínseco de nuestro esfuerzo, los trabajos para unir a la mayor cantidad de personas y grupos revolucionarios del país. El movimiento social y popular de la República Dominicana necesita articularse y conectar con la sociedad que puede cambiar a ritmo acelerado la forma y la manera de interactuar con una orientación política que tenga como su blanco de acción la superación del modelo neoliberal que nos niega a todas las aspiraciones del presente y condena el futuro de los dominicanos/as de manera cruel.

El esfuerzo por superar el neoliberalismo aberrante que divide y debilita la sociedad, para sustituirlo por un modelo colaborativo donde los seres humanos y sus instituciones actúen de manera conjunta en el esfuerzo por superar las calamidades sociales, nos convoca a incorporar al Partido de los Trabajadores Dominicanos, a todo el que se disponga a trabajar por la dignificación del pueblo dominicano, con particular énfasis en los jóvenes y las mujeres.

El Partido de los Trabajadores Dominicanos, en este periodo histórico concreto, de cara al futuro inmediato, tiene como obligación impulsar su consolidación como proyecto, garantizar su crecimiento orgánico y al mismo tiempo, reforzar sus vínculos con la sociedad dominicana.

La definición del proceso para la construcción de un bloque popular progresista, parte del convencimiento de que las fuerzas revolucionarias estamos  compelidas a unir la mayor cantidad de fuerzas para impulsar, mediante las más variadas formas de lucha y actuación, un cambio en la correlación de fuerzas que favorezcan a los que encarnamos y representamos el pensamiento  de la libertad,  la soberanía, la convivencia  democrática y progresista que concibió,  predicó y practicó  el fundador de la República.

La organización y la educación constituyen los pilares fundamentales para la construcción de un proyecto de nación diferente al que tenemos hoy, y que por lo tanto reivindique   el pensamiento de Duarte y de los Trinitarios y de todos los luchadores por la independencia, la soberanía, la libertad y el bienestar nacional del pueblo dominicano. Para cristalizar un proyecto de nación como fue concebido por nuestros padres fundadores es imprescindible  crear y generar conciencia mediante adecuados y pertinentes procesos organizativos y educativos que tomen en cuenta los elementos pedagógicos, populares y la riqueza cultural derivada del accionar cotidiano de nuestro pueblo, que permitan que los dominicanos nos encaminemos  en una sola dirección para derrotar el pensamiento conservador y a sus exponentes, que tienen como expresión corporativa a los grupos políticos que histórica y tradicionalmente han gobernado la nación dominicana, se han apropiado del trabajo colectivo del pueblo, usufructuando de manera indigna e indecente el resultado del trabajo, por ello es fundamental para nosotros  entender el rumbo que debe tener al  futuro inmediato  de unidad,  de trabajo y de realizaciones.

Comisión Central Organizadora del IX Congreso Pablo Alfonso Rosario

Santo Domingo, D.N.-

Diciembre, 2018.-

ANEXO: PERFIL DE LA SOCIEDAD DOMINICANA

La República Dominicana, con una extensión territorial de 48,448km2 ocupa las dos terceras partes de la isla de La Española que comparte con la vecina República de Haití, con unos 33,000 km2. La nación tiene una población de unos 10 millones de habitantes. Aproximadamente 1,5 millones de dominicanos y dominicanas residen en el exterior con una cantidad similar de ciudadanos/as extranjeros/as, especialmente haitianos/as, que viven en nuestro país. Según cifras oficiales y estudios de organismos internacionales acreditados, el país tiene un crecimiento demográfico anual de 1,2%; una mortalidad infantil de 20 de cada 1000 nacidos vivos; una desnutrición en la población menor de 5 años equivalente al 4% aunque se encuentra por encima del promedio de 3% que registra América Latina y el Caribe en esta materia, y una esperanza de vida promedio según la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 73,9 años

Como señala el PNUD, la economía dominicana ha sufrido una profunda transformación estructural en las últimas décadas. En la década de los ochenta se desmontó casi toda la industria azucarera, centrándose la economía a partir de este momento en el turismo, las zonas francas y las remesas de los emigrantes. Este organismo también critica el hecho de que el crecimiento de la economía dominicana se haya basado más en la apertura a la inversión extranjera que en la apuesta por la competitividad de la economía nacional. Lo que se demuestra con los datos oficiales ofrecidos por el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, que dan cuenta de que la deuda del sector público consolidada hasta febrero de 2018 representaba el 54.97% del producto interno bruto (PIB), y acentúa en este 2018 su tendencia alcista, requiriendo un mayor porcentaje de los ingresos fiscales del Estado para cubrir el pago de los intereses de dichas obligaciones, lo cual representa una amenaza de cesación de pagos para el país.

Paralelamente, República Dominicana cuenta con altos índices de desigualdad económica. El 10% de la población más pobre apenas dispone del 1,4% de la renta nacional, mientras el 10% de la población más rica disfruta del 41% de la riqueza del país. Dentro de los países con similar desarrollo humano, República Dominicana presenta una de las situaciones de mayor desigualdad social, sólo superada por Colombia y Brasil. Pese a ser un país de Índice de Desarrollo Humano, (IDH) y de ingreso medio (el puesto 99 según el informe del PNUD de 2016), cuando se habla de desigualdad, la cifra refleja que solo una minoría de dominicanos y dominicanas tienen acceso a mejoras y crecimiento, pues al ajustar por desigualdad el Índice de Desarrollo Humano, pierde un 25% de su valor, lo que supone 7 posiciones menos, y es el país número 40 de 139 con mayor pérdida.

Desde instancias gubernamentales se han emprendido acciones para reducir la situación de pobreza y aunque se han producido aumentos en el gasto social, las acciones realizadas no han surtido el efecto esperado manteniéndose altos los índices de pobreza y desigualdad. Los indicadores sociales muestran debilidades centradas en los sectores de la salud, el abastecimiento de agua potable y el saneamiento, déficit de energía eléctrica, y de viviendas dignas.

Si tomamos en cuenta otros aspectos del desarrollo social como la distribución de la riqueza, la generación de empleos y el ingreso, así como la recreación, el deporte y el ocio, seguimos presentando una gran desigualdad, en particular en las zonas rurales, periferia urbana y en zonas fronterizas con Haití. El desigual reparto de la riqueza debido a la exclusión social provoca que el crecimiento de la misma no se refleje en un real desarrollo nacional.

Las relaciones de producción capitalistas imperantes en la República Dominicana son responsables de la situación de subdesarrollo y dependencia de la economía, y de haber creado un mercado interno estrecho, de instalar y mantener un aparato productivo tecnológicamente atrasado e insuficientemente empleador de fuerza de trabajo, de favorecer el auge del capital especulativo y mercantil, de contaminar el medio ambiente y sobre todo, de mantener en la pobreza a amplios sectores del pueblo.

TENDENCIAS ACTUALES EN LA SOCIEDAD DOMINICANA

Aspectos económicos.

La economía dominicana está configurada por un conjunto de sectores, con un peso importante en los servicios, lo que se expresa en la inversión en grandes centros comerciales vinculados al comercio importador y a empresas transnacionales. Una economía cuyos sectores más dinámicos son, el turismo, las zonas francas, comunicaciones, remesas y el comercio, fuertemente vinculados al mercado exterior, con un papel de país prestador de servicios y aumentando su articulación, como economía abierta en condiciones de dependencia, de los centros económicos mundiales.

El énfasis en un modelo de desarrollo basado en los servicios, la agricultura, induce a la importación de productos alimentarios e impacta negativamente en los sectores productivos dedicados a la transformación de mercancías como la industria, que han disminuido su peso en la economía. En cambio, se nota un crecimiento en el sector comercial, financiero, explotación minera y agroindustria de exportación, de igual forma está experimentando crecimiento la industria de la construcción.

El creciente peso de la deuda externa que supera el 47% del presupuesto anual, dedicado al pago de los compromisos, junto a los déficits en la balanza comercial, la persistencia del déficit fiscal. La producción alimentaria se ve afectada por una alta dependencia de insumos y bienes importados, sujetos a la manipulación de los precios por comerciantes especuladores.

Las zonas francas han visto reducir su proporción dentro del PBI, sin embargo, se percibe un leve repunte en este sector de la economía de servicio vinculadas al ensamblaje de productos para la importación y generadora de empleos predominantemente en mano de obra femenina, como las confecciones la República Dominicana cuenta con un parque industrial débil y limitado, con uso de materia prima importada, con una escasa capacidad transformadora y un bajo valor agregado.

Los grandes flujos migratorios de dominicanos y dominicanas hacia los Estados Unidos y en menor medida a Europa y Sur América, continúan siendo fuente de remesas, que, aunque afectadas por el impacto de la crisis económica, mantienen una saludable influencia en la economía nacional.

El sistema energético continua deficitario basado en condiciones de contratación perjudiciales para los intereses del país, privilegiando la exenciones y subsidios al sector privado involucrado en el negocio eléctrico; la principal inversión del Estado es actualmente la construcción de la Central Termoeléctrica Punta Catalina, que pretende cambiar y ampliar la matriz de generación eléctrica, aunque aún se mantiene una gran proporción de combustibles de alto costo. La relativa mejoría en el sistema de transmisión no se ha traducido en mejoría del servicio a los hogares, empresas e instituciones que sufren las consecuencias de una energía deficitaria y costosa.

Hay que resaltar que los sectores vinculados al tema eléctrico están a punto de terminar las negociaciones para la firma de un pacto eléctrico, que ha sido indicado por Ley en la Estrategia Nacional de Desarrollo (END).

Se aprecia un gran crecimiento de la inversión en la industria de la construcción con un auge de la producción de cemento, varillas, plásticos, pintura y el uso de equipos y maquinarias modernas de alto rendimiento, junto a productos terminados básicamente importados. Se aprecia una gran dicotomía, pues mientras son notables las inversiones en megaproyectos comerciales y altas edificaciones, el déficit habitacional acumulado se estima en más de 1 millón de unidades. La red vial troncal tiene condiciones adecuadas en su funcionamiento, pero las vías de penetración en las zonas rurales presentan muchas dificultades, con una gran fragilidad ante los fenómenos atmosféricos.

En los últimos tiempos se ha estado desarrollando el sector de la industria extractiva, amparada en privilegiadas concesiones para la prospección y la exploración minera a empresas multinacionales de oro, níquel, plata, cobre y otros minerales, lo cual constituye una amenaza al medio ambiente y recursos naturales del país.

El sector agropecuario presenta aspectos innovadores, con la introducción de la producción de cultivos bajo ambiente controlado (los invernaderos) y el fomento avícola, aunque continua baja la proporción en que participa en el PIB.

Por otra parte, los altos niveles de importación de productos procesados, a la vez que se pone de manifiesto el peso del comercio importador en la cadena de intermediación, confirman las limitaciones del aparato productivo nacional para asegurar el abastecimiento alimentario a la población.

El transporte de carga ha tenido un notable crecimiento en el parque vehicular, contándose con una flota abundante y moderna, aunque se combina con la existencia de un sistema con evidente atraso, deterioro y un alto nivel de anarquía y caos en su funcionamiento y organización, con tarifas no reguladas y elementos monopólicos, lo cual contribuye a su encarecimiento.

El transporte de pasajeros ha experimentado ciertos avances con el funcionamiento del Metro en la capital del país, aunque persiste una estructura privatizadora y con rasgos de mafia, principalmente por medio de los sindicatos y asociaciones choferiles. La puesta en funcionamiento de una segunda línea de metro, el anuncio de los trabajos para la ampliación hacia la parte Este de la provincia Santo Domingo y la construcción de una línea del teleférico para el transporte de pasajeros, constituyen evidencias del esfuerzo hacia la modernización del sistema de transporte en la República Dominicana. Sin embargo, una parte apreciable de dominicanos y dominicanas continúan utilizando el transporte precario, peligroso e inseguro como el motoconcho (mototaxi), así como un destartalado e inseguro transporte de microbuses (voladoras) y una buena proporción de taxis en similares condiciones.

El disfrute de playas, arena, sol, mar y otros atractivos naturales continúa atrayendo a millones de visitantes por año, incluyendo una proporción significativa de nacionales, manteniendo el turismo como locomotora económica. Las insuficiencias en la calidad competitiva del sector, sumado a los elevados costos del transporte aéreo, incluyendo las tasas aeroportuarias, la degradación ambiental, así como el impacto negativo que genera la delincuencia, constituyen amenazas que requieren prevención y políticas adecuadas.

Aspectos Políticos e Institucionales

En los últimos 22 años, el país ha mantenido una relativa estabilidad política con un régimen de democracia representativa y libertades públicas, con la renovación regular y periódica de sus instituciones en las fechas indicadas en la legislación vigente, mediante procesos electorales con participación de la mayoría de los actores políticos, con predominio del sistema de partidos. La legislación, los instrumentos institucionales y sus mecanismos de aplicación para la conducción de la nación, han mejorado su eficiencia. La negociación y búsqueda de consensos para la superación de conflictos y controversias, viene superando la práctica de la confrontación, sin que esto se traduzca en políticas públicas que superen la enorme deuda social acumulada que obstaculiza el desarrollo y dificulta alcanzar el nivel de bienestar a que tienen derecho los ciudadanos y ciudadanas.

Se aprecia un reforzamiento de los mecanismos que regulan y organizan los procesos electorales, lo que ha permitido superar las dificultades generadas por la represión y manejo fraudulento, facilitando la participación de amplios sectores organizados, una mayor transparencia en dichos procesos electorales y una más fluida y democrática renovación de los poderes públicos.

Se espera que la Ley de Partido Políticos (33-18), recién aprobada y promulgada y el proyecto de Ley del régimen Electoral, llamada a sustituir la Ley Electoral (275/97), refuercen esos procesos que fortalecen la democracia.

El ordenamiento jurídico institucional ha conocido importantes reformas y cambios en su estructura funcional, teniendo la reforma constitucional del 2010 como elemento principal. Esta constitución en su definición y contenido amplia derechos políticos y sociales, definiendo el Estado dominicano como un Estado social y democrático de derecho, con la creación de figuras jurídicas como el referéndum, el plebiscito y otros que amplían y consolidan el derecho a la participación  política de los ciudadanos/as, la creación de las altas cortes, (Tribunal Constitucional, la separación de la Junta Central Electoral como órgano administrativo y organizador de los procesos electorales y el Tribunal Superior Electoral como instrumento contencioso.) No obstante, a 8 años de su promulgación aún se manifiestan importantes debilidades y carencias en la aplicación de los nuevos mecanismos jurídicos y políticos establecidos y expresados, en marcadas debilidades del sistema de contraloría, fragilidad de los mecanismos encargados de dar seguridad jurídica y garantía del respeto a los derechos ciudadanos y especialmente sobre los derechos reproductivos de la mujer y un sistema penal y carcelario degradante de la condición humana.

Aspectos Sociales

Las condiciones de desarrollo social de la población dominicana y por lo tanto sus posibilidades de bienestar, están directamente relacionadas con el acceso y usufructo de los bienes alimentarios y de nutrición, de la canasta familiar básica, de la vivienda y las condiciones requeridas para constituirse en un hogar digno con solidez, amplitud, agua potable, energía eléctrica, disposición de excretas e higiene, junto a los servicios de salud y educación y el acceso a los servicios de información que brinda Internet.

En el aspecto demográfico el país registra una lenta pero sostenida disminución en el crecimiento vegetativo de la población. Este hecho con la elevada proporción de jóvenes entre 25 y 35 años que emigra del país hacia el exterior, sumado al aumento en la esperanza de vida de los dominicanos y dominicanas, contribuye con un proceso de modificación en la composición por edades de la población. Un constante movimiento migratorio articulado de las zonas rurales hacia los centros urbanos; de las pequeñas y medianas concentraciones poblacionales hacia las grandes ciudades, principalmente Santo Domingo, Santiago y otras cercanas a las zonas turísticas y de todo el territorio nacional hacia el exterior, principalmente los Estados Unidos y países europeos, y en menor proporción hacia otros países, lo que se traduce en que el 80% de la población resida en las zonas urbanas y solo el 20% en las zonas rurales.

Empleo

Al descender la tasa de crecimiento de la población dominicana, desde 3,5 % anual en los años 60, a un poco más de 1.5% en la actualidad, se ha producido también, como es lógico, un descenso en la población económicamente activa.

Entre junio del 2014 y marzo del 2017, la Población Económicamente Activa (PEA) abierta aumentó en 5,5% pasando de 4.368.531 a 4.610.967 personas. Por otro lado, el número de ocupados aumentó en un 8.91% pasando de 3.984.048 a 4.338.991. La diferencia en el ritmo de crecimiento de ambos indicadores se ha traducido en una disminución del número de desocupados en 112.508 personas. Sin embargo, esta estadística no toma en cuenta a las personas desalentadas, que son aquellas que han dejado de buscar trabajo, pero están dispuestas a laborar si son requeridas. A marzo del 2017, la población económicamente activa (mayores de 15 años), representó el 45.5% de la población total.

El ingreso

Existe una gran y creciente brecha entre los ingresos provenientes del trabajo y los provenientes del capital, por lo que la participación de los asalariados en el ingreso nacional y el PBI es cada vez menor. En sectores como las zonas francas, el salario mínimo ha permanecido bastante deprimido, lo cual se exhibe como una de las “ventajas comparativas” de nuestro país.

Los ingresos tienen apreciables diferencias en función de la rama en la que se labore. En el área financiera (bancos, seguros, bienes raíces) el promedio del ingreso es mayor en los altos mandos; luego le siguen minería, construcción, comercio y transporte. Pese a su importancia, el ingreso percibido en la rama de la manufactura se sitúa en los niveles más bajos; y menores son aún en la agricultura y la ganadería. Existen diferencias en muchas ramas de los ingresos percibidos por razones de sexo. Los hombres reciben un salario 10% mayor que el que perciben las mujeres por la misma labor. Al enfocar las características del ingreso, podemos destacar que el 59% de la población se sustenta en el sector informal, lo que constituye una gran debilidad institucional.

Seguridad social

En la República Dominicana existe un sistema de Seguridad Social, basado en la Ley No.87-01. El mismo, a pesar de los esfuerzos dirigidos al Estado dominicano y otros sectores de la sociedad, tropieza con numerosas dificultades que se derivan de los intereses de los sectores que administran los fondos de pensiones (AFP) y las administradoras de riesgos de salud (ARS). Estos intereses de carácter privado, actuando de conjunto, han imposibilitado un mayor avance hacia un progresista sistema de seguridad social.

Constituyó un primer paso para afrontar la gran deuda social acumulada desde la proclamación de la República y ha tropezado con los obstáculos impuestos por los intereses de las empresas erigidas en administradoras de los fondos de pensiones y del sistema de riesgos de salud a cargo del sector privado, resultando un gran negocio para el sector bancario y financiero que obtiene ganancias superiores al 30%, constituyendo una forma de apropiación indebida que agrega un factor de pobreza.

A pesar del retraso en la aplicación de la Ley, como consecuencia de los intereses identificados, se aprecian notables esfuerzos del Estado a través del Seguro Nacional de Salud, SENASA, para incorporar a los servidores públicos, pensionados y otros sectores de la economía informal al régimen de seguridad social.

Salud y Saneamiento

El régimen de salud de la República Dominicana está regido por el Ministerio de Salud Pública y se caracteriza por ser dual, esto es un sistema de servicios de salud pública al frente del cual se ha colocado el servicio nacional de salud y un sistema privado ejercido por clínicas y centros regidos por el sector privado. Un déficit significativo lo representan las limitaciones en la medicina preventiva como en la curativa, dando por resultado que persistan patologías enmarcadas en el ámbito de enfermedades prevenibles.

Los países en vías de desarrollo han vivido una explosión demográfica en el ámbito urbano que ha superado los procesos de planificación urbana, dando lugar a cordones de miseria alrededor de las grandes urbes. Allí, las viviendas están levantadas en zonas vulnerables, alrededor de cañadas que son fuente de contaminación y enfermedades, con acumulación de basura, con deficiente servicio de agua potable, sin tratamiento de aguas servidas y con escaso servicios de saneamiento ambiental. La experiencia de la República Dominicana se caracteriza por el desorden y crecimiento descontrolado, la falta de servicios públicos, la insalubridad, el caos vial, la desestructuración social y la priorización de soluciones individuales ante problemas colectivos.

Uno de los principales desafíos para el desarrollo del país es la deficiencia en los sistemas de saneamiento. Según el último censo nacional de población y vivienda, realizado en 2010, un 30,29% de la población dominicana no tiene acceso a sistemas de saneamiento mejorados y un 58,77% de los hogares presenta un grado de saneamiento medio-bajo. Este dato es extrapolable al nivel local. Según datos de UNICEF en el año 2011 un 25% de la población dominicana residente en contextos rurales y bateyes no disponía de sistemas de saneamiento mejorados.

La falta de saneamiento se complica todavía más teniendo en cuenta la situación, también deficiente, en cuanto a los niveles de acceso al agua potable y a la calidad de esta. Según el último censo nacional de población y vivienda realizado en 2010, aproximadamente un 16% de la población dominicana, no tiene acceso a fuentes de agua mejorada.

Según el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI) el territorio dominicano está conformado por 32 cuencas principales y varias regiones costeras donde predomina el flujo subterráneo o corrientes superficiales de pequeña magnitud. Pese a ello un 87% de los pozos someros del país presenta contaminación bacteriológica. Según el PNUD los problemas de acceso al agua en la República Dominicana están más relacionados con la deficiencia estructural y con la baja eficiencia de uso que con la disponibilidad del líquido. Además, la falta de acceso al agua potable es más intensa en las zonas rurales y en los bateyes que en las zonas urbanas, así como es mayor entre la población en situación de pobreza.

Educación

El sistema educativo de la República Dominicana ha conocido importantes avances en los últimos años, asumiendo universalmente que la educación es un factor clave para romper el círculo que reproduce la pobreza de generación en generación. Desde el 2013 el gobierno dominicano inició la aplicación del 4% del PBI en la educación, generando notables avances en todo el sistema; no obstante, aún existen numerosos déficits y carencias tales como, faltas de aulas y/o aulas en malas condiciones, atrasos tecnológicos, en el equipamiento, deserción, índices de repetición elevados y bajos niveles de formación en áreas importantes del profesorado, afectando la calidad de la enseñanza.